El químico Luis Gómez-Hortigüela se embarca en “un viaje al mundo al otro lado del espejo” para describir un fenómeno presente en el ADN, las partículas elementales y el cuerpo humano.

¿Qué tienen en común las manos, un tornillo y la concha de un caracol? La respuesta es que todos ellos son objetos quirales, es decir, que su imagen especular no puede superponerse con la original, por mucho que la giremos. Por eso en el espejo la mano derecha se convierte en la izquierda, un tornillo cambia de rosca y la concha ‘da vueltas’ en sentido contrario.

En el libro La quiralidad, el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Luis Gómez-Hortigüela nos invita a emular a Alicia en su viaje al mundo al otro lado del espejo y descubrir una propiedad que, explica, “no se limita al mundo macroscópico, sino que tiene su máxima trascendencia en lo microscópico y el nanomundo”. La quiralidad está estrechamente asociada a la asimetría; a escala humana, se manifiesta en que tenemos el corazón desviado a la izquierda y un cerebro que compartimenta las funciones de forma asimétrica en sus dos hemisferios, así como en el hecho de que nueve de cada diez personas somos diestras. Sin embargo, la relevancia fundamental de este fenómeno se expresa a escalas más pequeñas, como las que incumben al ADN, con sus hélices retorciéndose invariablemente hacia la derecha, o a las partículas elementales, donde la materia prevaleció sobre la antimateria tras el Big Bang para construir nuestro asimétrico universo.

Fuente: CSIC